Laxe, alrededores: Casa Cruz (Baio)


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GPS, Latitud: 43.14851 (43° 8′ 54.636″) | Longitud: -8.96407 (8° 57′ 50.6514″)

Sobria decoración, agradable. Buena cocina tradicional (para los que les guste, ofrece una lengua guisada de gran aceptación).

Hacen callos (que compiten con los de ‘La Taberna‘) los días de feria. Hay que distinguir entre “La Feira”, o feria grande e importante de la comarca (se celebra el domingo que caiga entre los días 15 y 21 del mes), y “El Feirón” o “feira pequena” (primer martes de cada mes) que, curiosamente y pese a su equívoco nombre, es la feria menor (simple mercadillo local).
A “La Feira” (domingo que caiga entre los días 15 y 21 del mes) acuden muchos de los agricultores y ganaderos de la comarca, y solo en ella, en lo alto de la feria (al final de la cuesta, a izda.), en una destartalada nave de cemento, tendremos la ocasión de sentarnos a degustar el más auténtico, tradicional y exquisito “Pulpo a Feira” en las tradicionales bancadas: mesas alargadas en las que uno se sienta donde puede, y donde podemos tener a nuestro lado a un grupo de agricultores, seguramente todos de una misma familia que, a la vez que almuerzan, celebran una compra o venta provechosa para la explotación familiar, escuchar discretamente sus conversaciones, y probar -solo para “connaisseurs” no remilgados- cierto vino ácido, antiguamente conocido en las Rías Bajas -Pontevedra- como “vino catalán”, en realidad un producto fraudulento y probablemente algo tóxico: no procede, como exigía la Ley -el Estatuto del Vino-, del fruto de la vitis vinífera europea (la uva), sino que es un producto sui generis de una planta híbrida productora directa -que no de un injerto-, híbrido resultante de la vitis vinífera europea y la “cepa americana”, planta esta (la “cepa americana”) que si bien no da uvas, es resistente a la filoxera, una plaga que en el S.XIX estuvo a punto de extinguir las tradicionales “vitis viníferas” europeas (primero las francesas y después, las españolas), por lo que, en principio, el vino, cualquiera de los que hoy consumimos, procedería de injertar en la “cepa americana”, cuyas raíces resisten perfectamente a la filoxera -Phylloxera vastatrix o Peritymbia vitifolii, insecto hemíptero homóptero de origen américano- implantaciones de vitis vinífera en patrones de “cepa americana”, con lo que el fruto finalmente obtenido sigue siendo la uva, mientras que el fruto que produce la mencionada hibridación de la que procedería este “vino catalán” no es, técnicamente, la uva por lo que, en puridad, no es vino (aunque, con moderación y como curiosidad, vale la pena probarlo).
En “La Feira” hay -nos tememos que por poco tiempo- dos o tres cosas más… de gran interés para el viajante-antropólogo observador y sensible. Subiendo la cuesta, a su derecha, encontrará lo que podríamos llamar “la Joyería-Relojería” menos lujosa del mundo (es mejor no describirla: hay que verla). Y, a su izquierda, en una casita que permanece cerrada y abandonada el resto del año, la taberna más insospechada: casi sin luz, con unos leños ardiendo en una esquina, una “barra” destartalada, unas mesas rústicas… que a los que ya contamos con más de cincuenta años, nos evocan una realidad ya olvidada, pero sin duda entrañable.
En todo caso, ya sea “La Feira” o “El Feirón”, podremos beneficiarnos de la costumbre tradicional de terminar nuestros “tratos”, aunque solo sea la compra de una ristra de pequeños pero excelentes ajos, o de unos plantones de pimientos “de Padrón”, o de unas exquisitas aunque también menudas lechugas (rizadas) locales etc., con un pequeño e inolvidable almuerzo, probando los callos de Casa Cruz, o su alternativa: los que antes hacía D.ª María ‘la de Pulino’ y que hoy sigue haciendo su nuera Mari Carmen en La Taberna.


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